A menos de un mes de su nacimiento, serían derrumbadas las torres gemelas en el ¨World Trade Center¨ de Nueva York y para su décimo séptimo cumpleaños Donald J. Trump sería el presidente número 46 de los Estados Unidos de América.
Hiralda nació escuálida como una salamandra albina y no bien la habían sacado de entre las tripas de la madre, pegó un grito de vida espantoso. La queja de la recién nacida se paseó por los interminables pasillos de la maternidad de tercer mundo hasta perderse entre las conversaciones de los viejos en espera de consulta.
Hiralda nació escuálida como una salamandra albina y no bien la habían sacado de entre las tripas de la madre, pegó un grito de vida espantoso. La queja de la recién nacida se paseó por los interminables pasillos de la maternidad de tercer mundo hasta perderse entre las conversaciones de los viejos en espera de consulta.
Llegó al mundo con el cráneo cubierto de una fina y escasa cabellera castaña, la piel rosa y una frente imponente de simio debajo de cuya falda se refugiaban sus ojos grandes como monedas de medio peso. Los ojos se le tornaban caramelo al calor del sol. Los había heredado de su padre quien no pude verlos sino hasta pasadas unas horas después del alumbramiento.
Una vez limpia de las aguas del vientre, Hiralda fue examinada detenidamente por la mujer que la acababa de pujar al mundo. Su madre, la desterró para siempre de la tranquilidad de las entrañas y apagó la música del gaseoso canto de las tripas.
La mujer, con los órganos reproductores heridos y todavía sensibles del estiramiento; la sostenía con el pecho a la intemperie, ofreciendo sus senitos de teenager. Escaneó a Hiralda rápidamente en busca de algún castigo infringido por las ánimas. Para su alivio, el pichón de humano tenía todas las partes de fábrica y parecía tranquila.
Como era costumbre, le adornaron el tobillo con una cinta carmesí de cuyos hilos colgaba un azabache modesto que la protegería de las brujas chupadoras de niños y por ser tan útil artilugio, protegía también contra el mal de ojo.
Como era costumbre, le adornaron el tobillo con una cinta carmesí de cuyos hilos colgaba un azabache modesto que la protegería de las brujas chupadoras de niños y por ser tan útil artilugio, protegía también contra el mal de ojo.
Como la niña no presentó complicaciones y la madre libró un parto fácil y natural, fueron despachadas del centro hospitalario al tercer día.
Si me preguntas que paso durante la primera década de su vida, la verdad es que ni yo me acuerdo. Fueron años de feudos y vasallos donde las luces no llegaron sino hasta la adolescencia.
Si me preguntas que paso durante la primera década de su vida, la verdad es que ni yo me acuerdo. Fueron años de feudos y vasallos donde las luces no llegaron sino hasta la adolescencia.
***
Continuará.